Atractivos Turísticos de Ibarra

Promociones Día de la Madre

El Día de la Madre es una festividad en la cual se rinde homenaje a las mujeres que nos  dieron la vida. Mamá es aquella persona especial que con amor y esfuerzo cuida a sus hijos y los forma como personas buenas y educadas.

El 2do. domingo de mayo se celebra su día y los establecimientos turísticos de Ibarra se han preparado con deliciosos menús e increibles promociones para festejar a la reina del hogar.

sommerwind1

haciendazuletachorlavitunas-cabrastotoralquinta-sanmiguellagiraldahosteriasanclementeeldiabloespuerco

chamuyando

queridojohn

caribou

Anuncios

Leyendas de Ibarra

BRUJAS SOBRE IBARRA

By Juan Carlos Morales
Halloween Witch

Desde arriba del Torreón, la ciudad, en las noches de luna, parecía una maqueta parda llena de tejados, que guardaban jardines atiborrados de buganvillas, nogales e higos. Más arriba, en cambio, se distinguían las palmeras chilenas: enjutas y lustrosas, pese a la intensidad nocturna y las exiguas farolas, alumbradas con mecheros que –de cuando en cuando- eran revisados por el farolero, envuelto en un gabán descolorido que no impedía apreciar su silueta recorriendo esa luz mortecina que golpeaba las paredes de cal.
Más arriba, aún, el parque de Ibarra era un minúsculo tablero de ajedrez sin alfiles, donde destacaba el añoso Ceibo, plantado tras el terremoto del siglo XIX y que –según decían- sus ramas habían caminado una cuadra entera. La noche caía plácida sobre la enredaderas y la luna parecía indolente a las sombras que pasaban, pero que no podían ser reflejadas en las piedras. ¿Quiénes miraban a Ibarra dormida? ¿Quiénes tenían el privilegio de contemplar sus paredes blanquísimas engalanadas con los fulgores de la luna? ¿Quiénes pasaban en un vuelo rasante como si fueran aves nocturnas? ¿Quiénes se sentaban cerca de las campanas de la Catedral a mirar los tejuelos verdes y las copas de los árboles?
No es fácil decirlo: unas veces eran las brujas de Mira, otras las de Pimampiro y muchas ocasiones las de Urcuquí. Eran una suerte de correos de la época, acaso a inicios de siglo, que viajaban abiertas los brazos, por los cielos estrellados de Imbabura. Por eso no era casual que las noticias –que por lo general se tardaban en llegar cuatro días desde Quito- se conociera más aprisa en los corrillos de estas tres poblaciones unidas por un triángulo mágico: que ha iniciado la revolución de los montoneros alfaristas, que el Congreso ha sido disuelto, que llegaron las telas de los libaneses o que fulano ha muerto.
Todas noticias importantísimas que –de no ser por las voladoras- hubieran llegado desgastadas. Pero, a diferencia de lo que se cree de las brujas, que van en escoba, llevaban un traje negro y tienen la nariz puntiaguda, las del sector norteño ecuatoriano poseían trajes blanquísimos y tan almidonados que eran tiesos. Por eso cuando las voladoras pasaban los pliegues de sus vestidos sonaban mientras cortaban el viento. Algunos las tenían localizadas. Por eso cuando pasaban por encima de las casas, existían los atrevidos que se acostaban en cruz y con esta fórmula las brujas caían al suelo.
Otros, en cambio, preferían decirles que al otro día vayan por sal y de esta manera conocían su identidad. Pero las voladoras de Mira también tenían sus hechizos. Quienes se burlaban de las brujas terminaban convertidos en mulas o gallos. Y eso, al parecer, le sucedió a Rafael Miranda, un conocido galeno de Ibarra, de inicios de siglo. Cuentan los abuelos que el doctor Miranda desapareció un día sin dejar rastro. Sus amigos lo buscaron por todos lados infructuosamente. Sus familiares estaban desesperados. El tiempo pasó. Una tarde, un conocido del doctor Miranda recorría unas huertas por Mira y miró a un hombre desaliñado con un azadón. Creyó reconocerlo.
Al acercarse comprobó con estupor que se trataba del famoso doctor Miranda. Lo sacó del lugar y tras curaciones prodigiosas el galeno volvió a su estado normal y nunca más se sintió gallo. Otra historia, en cambio, sirvió para que Juan José Mejía, el popular y primer sacamuelas de Carchi e Imbabura, justificara una parranda de tres días. Cuando le preguntaron porque no había llegado a la casa contestó sin inmutarse: “Estuve en Mira amarrado a la pata de una cama, convertido en gallo y recién me escapo de las brujas”. Claro que estuvo en Mira y, acaso, le brindaron –como a muchos- el famoso tardón, que es una bebida que basta un solo trago para que el confiado visitante termine por los suelos, en un remolino de carcajadas.
Por eso los políticos de turno o las autoridades, que siempre ofrecen solucionar todos los problemas, se dan cuenta de los fatídicos brebajes demasiado tarde: quedan arrumados en las sillas de madera, con un olor imperceptible a aguardiente, que es uno de los ingredientes del tardón, elaborado de papa y de secretísimos compuestos que ha sido imposible develar. Cuando alguna autoridad trataba de levantarse caía en cuenta que sus honorables posaderas estaban como pegadas a la silla. ¿Cuáles eran las palabras mágicas para volar? De boca en boca ha llegado hasta estos días lo que decían las brujas ecuatorianas: “De villa en villa y de viga en viga, sin Dios ni Santa María” y tras pronunciar este conjuro levantaban vuelo.
Y hasta había quienes intentaron realizar una aventura aérea. Cuentan que un mireño insistió a una maga para que le iniciara en su arte. Tras las súplicas decidió confiarle el secreto. Lo primero que le indicó es que tenía que utilizar uno de sus trajes níveos. Aguardaron la noche y subieron a la chimenea de un horno… -Tienes que repetir esta fórmula, le dijo la encantadora. Tras decir “de villa en villa, de viga en viga, sin Dios ni Santa María”, extendió sus brazos y salió disparada por el cielo. Nuestro personaje se emocionó, pero al repetir el conjuro lo hizo de esta manera: “de villa en villa, de viga en viga, con Dios y Santa María”.
Dicho esto, desplomóse cuan largo era en el patio de la casa, en medio de los ladridos de los perros y de los vecinos que lo encontraron magullado y vestido de traje blanco, con cintas y encajes. Aunque pidió discreción, al otro día toda Mira conoció esta historia y su único argumento fue se enredó en la vestimenta. Obviamente, no pudo aclarar qué hacía subido en la chimenea y con un vestido de dama. Hay quienes dicen que las brujas aún pasan por los tejados de Ibarra. Es posible. Mas, nunca se han caracterizado –como lo eran acusadas en la Inquisición Española- de artilugios malévolos.
Su único delito, podría decirse, es volar para conocer tierras lejanas o para visitar a algún amante venturoso que abre su puerta antes que la maga tope el suelo. Hay quienes dicen haberlas visto reunidas practicando iniciaciones antiquísimas, en medio de un prado. Con suerte, si levantamos a mirar el cielo en una noche de luna es posible que localicemos a una bruja que regresa del sur y pasa por encima del pequeño Ceibo, del parque Pedro Moncayo, que ha empezado a brotar sus hojas.

LOS AMORES DEL TAITA IMBABURA

amor-taita
Cuentan que en los tiempos antiguos las montañas eran dioses que andaban por las aguas cubiertas de los primeros olores del nacimiento del mundo.  El monte Imbabura era un joven vigoroso. Se levantaba temprano y le agradabamirar el paisaje en el crepúsculo. Un día, decidió conocer más lugares. Hizo amistad con otras montañas a quienes visitaba con frecuencia. Mas, una tarde, conoció a una muchacha-montaña llamada Cotacachi. Desde que la contempló, le invadió una alegría como siun fuego habitara sus entrañas. No fue el mismo. Entendió que la felicidad era caminar a su lado contemplando las estrellas. Y fue así que nació un encantamiento entre estos cerros, que tenían el ímpetu de los primeros tiempos.
Quiero que seas mi compañera, le dijo, mientras le rozaba el rostro con su mano. -Ese también es mi deseo, dijo la muchacha Cotacachi, y cerró un poco los ojos. El Imbabura llevaba a su amada la escasa nieve de su cúspide. Era una ofrenda de estos colosos envueltos en amores. Ella le entregaba también la escarcha, que le nacía en su cima. Después de un tiempo estos amantes se entregaron a sus fragores. Las nubes pasaban contemplando a estas cumbres exuberantes que dormían abrazadas, en medio de lagunas prodigiosas. Esta ternura intensa fue recompensada con el nacimiento de un hijo. Yanaurcu o Cerro negro, lo llamaron, en un tiempo en que los pajonales se movían con alborozo. Con el paso de las lunas, el monte Imbabura se volvió viejo. Le dolía la cabeza, pero no se quejaba. Por eso hasta ahora permanece cubierto con un penacho de nubes. Cuando se desvanecen los celajes, el Taita contempla nuevamente a su amada Cotacachi, que tiene todavía sus nieves como si aún un monte-muchacho le acariciara el rostro con su mano.

Los lugareños afirman que el Imbabura es el único volcán que tiene un corazón, debido a la singular figura que presenta en su ladera.

LA CAJA RONCA

By Juan Carlos Moralescajaronca

Había una vez, hace mucho tiempo en San Juan Calle, un chiquillo tan curioso que quería saber en qué sueñan los fantasmas. Sí queridos amigas y amigos: fantasmas, esos que atraviesan las paredes. Por eso escuchaba con atención la última novedad: unos aparecidos que merodeaban en las noches de Ibarra, sin que nadie supiera quiénes eran pero seguro no pertenecían a este Mundo.
-¡Ay Jesús!, decía Carlos, ojalá que no salgan justo la noche en que tengo que regar la chacra. Sin embargo, este muchacho de 11 años era tan preguntón que se enteró de que las almas en pena salían a medianoche para asustar hasta quienes salían a cantar los serenos. Estos seres, según decían los mayores, penaban porque en su codicia dejaron enterrados fabulosos tesoros y hasta que alguien los encontraran no podían ir al Cielo. Estos entierros estaban en pequeños baúles de maderas recias para que resistieran la humedad de las paredes.
En esas cajas, además, estaba guardada la Avaricia.
Carlos, fácil es suponer, se moría de ganas de conocer a esas almas en pena, aunque sea de lejos. Acudió a la casa de su mejor amigo, Juan José, para que lo acompañara al regadío en el Quiche Callejón, como se denominaba el lugar en aquella época del siglo XIX. Ahora pertenece a las calles Colón y Maldonado, pero sólo imagínense cómo sería de tenebroso si no había luz eléctrica.
-¡Qué estás loco!, dijo Juan José y le recordó que él también estaba en el barrio cuando hablaron de la Caja Ronca, que era como habían denominado a esa procesión del Averno. A él no le hacían gracia los fantasmas.
-No seas malito, le dijo Carlos, de ojos vivaces, mientras argumentaban que esas eran puras mentiras para asustar a los niños. Evitó decirle que él mismo sentía pánico de aventurarse por la noche y peor con la certeza de dormir en una cabaña vieja de su propiedad.
Porfió tanto el jovenzuelo que el otro aceptó a regañadientes, con la condición de que después del regadío le brindara un hirviente jarro con agua de naranjo con dos arepas de maíz, de esas que se hacían en el horno de leña.
Más pudo la barriga que el miedo y así los dos chiquillos caminaron pocas cuadras hasta el barrio San Felipe, como se llamaba en aquella época, en medio de higueras prodigiosas y geranios perfumados.
Antes de oscurecer llegaron al descampado donde se apreciaba las plantaciones de hortalizas y en la mitad el árbol de higos, como si sus ramas fueran inmensos dedos retorcidos y su tronco pareciera una mano recia que saliera de las entrañas de la tierra. Los jóvenes comprobaron que los canales de agua estuvieran dispuestos. Después, prendieron una fogata y esperaron que el tiempo transcurriera, eso sí evitando hablar de la temible Caja Ronca.
Atraídos por la magia del fuego los amigos no tardaron en dormirse, mientras afuera un viento helado se escurrió muy cerca de los surcos, a esa hora pardos por los destellos de la Luna. Mas, un ruido imperceptible pareció entrar por ese portón del Quiche Callejón.
Los mozuelos se despertaron y el sonido se hizo cada vez más fuerte. Se levantaron. Antes de preguntarse si valía la pena acercarse al pórtico gastado ya estaban sus orejas tratando de localizar ese gran tambor que sonaba en medio de la noche. Entonces, a insistencia del indagador Carlos que no quería perderse ningún detalle, se acercaron a la hendidura y lo vieron todo:
Las lenguas de fuego parecían acariciar a ese personaje y ya no había otra explicación: era algún Diablo salido del Infierno. Eso a juzgar por sus ojos resplandecientes como carbones encendidos y sus cuernos afilados, que eran golpeados por la luz que despedía la procesión funesta.
Este Señor de las Tinieblas iba recio y parecía que de sus ojos emanaban las órdenes para sus fieles, que caminaban lentamente como arrepintiéndose. De su mano derecha sobresalían unas uñas afiladas que se confundían con su capa escarlata. Era como si estos conjurados del Miedo anunciaran la llegada de días terribles.
Los curiosos estaban adheridos al portón como si fueran estatuas. Y entonces la puerta crujió. A su lado se encontraba un penitente con una caperuza que ocultaba sus ojos. Les extendió dos enormes velas aún humeantes y se esfumó como había llegado. Los encapuchados formaban dos hileras y sus trajes rozaban el suelo, aunque parecían que flotaban. Una luz mortecina golpeaba esas manos que a los ojos de los chiquillos se mostraron huesudas y deshechas, que parecían fundirse con las enormes veladoras verdes. La enorme procesión recorría acompañada de dos personajes siniestros que tocaban un flautín junto a un gran tambor. Más atrás, un carromato envuelto en llamas finalizaba este espectral séquito.
A Juan José le pareció que esa carroza contenía a la temible Caja Ronca, que no era otra cosa que algún baúl lleno de plata perdido en el tiempo y el espacio y que -desde otros laberintos- buscaba unas manos que lo liberaran de su antiguo dueño.
Ni cuenta se dieron cuando se orinaron en los calzones, peor cuando se quedaron dormidos, ni aún en el momento en que sus pies temblorosos los llevaron hasta sus casas de paredes blancas. En San Juan Calle, las primeras beatas que salieron a misa de cuatro los encontraron echando espuma por la boca y aferrados a las velas fúnebres. Cuando fueron a favorecerles comprobaron que las veladoras se habían transformado en canillas de muerto.
Fue así como de boca en boca se propagaron estos sucesos y los chicos, entonces, fueron los invitados de las noches cuando se reunían a conversar de los prodigiosos sucesos de la Caja Ronca, para regocijo de las nuevas cofradías de curiosos, que aún se preguntaban en qué soñaban los fantasmas. A veces, sin embargo, había que recogerse antes de la media noche porque un tambor insistente se escuchaba a la distancia…

EL GIGANTE Y LAS LAGUNAS

                                                                                By Irina GómezgiganteCuenta la historia que hace miles de años en Imbabura vivía un gigante que le gustaba pasear en busca de aventuras, se divertía por los senderos y visitaba cada monte y espeso bosque. Un día cansado de sus caminatas el gigante decidó tomar un plácido baño. Fue entonces que se acercó al Lago San Pablo que a simple vista parecía tener bastante agua, pero al adentrarse en sus aguas, se sorprendió porque las aguas le llegaron hasta las rodillas. El gigante defraudado se dirigió hasta las Lagunas de Mojanda y el agua le sirvió para refrescarse sus pies y solo le llegó hasta más arriba de sus pantorrillas; continuó su recorrido y llegó hasta Yahuarcocha, pero el charco de agua lo utilizó para lavarse las manos.

Sin darse por vencido el gigante continuó con la búsqueda y se dirigió a la Laguna de Cuicocha, sorprendido por su belleza empezó a bajar por sus laderas y sintió el agua muy fría, con miedo de tener otra desilusión continuó entrando a la laguna poco a poco, finalmente tocó fondo y el agua le llegó hasta  su cintura. El gigante pudo bañarse mejor pero insistió en encontrar una laguna donde el agua le cubra hasta su cuello; es así que continuó subiendo por el Taita Imbabura y divisó una pequeña laguna en su cumbre, el gigante al ver el tamaño de la laguna dio una gran carcajada, pero arrogante se dirigió hasta allí para intentar por última vez. El momento que el gigante se adentró en las negras aguas de la laguna el Cunrru no encontraba fondo y su desesperación fue tal que para no ahogarse, levantó su brazo y con uno de sus dedos trató de sostenerse de alguna roca, provocando un hueco, que existe hasta hoy y se le conoce como la ventana del Imbabura.
Del gigante nunca se supo – unos dicen que se ahogó – y bajó a las profundidades de la laguna, porque según los lugareños ésta no tiene fondo y se conecta con el mar; otros dicen que se salvó y abandonó nuestras tierras por la lección que recibió.

Fiestas de El Retorno

TERREMOTO

Tras el nefasto terremoto del 18 de agosto de 1860, los 550 sobrevivientes asentados en Santa María de la Esperanza – Ibarra, visitaban por instantes su amada tierra, contemplando destrucción y soledad. Pasaron cuatro largos años y desde el 13 de abril de 1872 inició el retorno de los ibarreños en entusiastas caravanas, a pie, a lomo de caballo, en carretas.
Fue el 28 de abril de 1872 – un domingo y Fiesta de la Virgen de las Mercedes – entre festivos repiques de campanas en una improvisada capilla de Nuestra Señora de las Mercedes que convidó a los sobrevivientes que se concentraran en el pequeño templo y sus contornos. Allí estaba el Obispo Tomás Antonio Iturralde con su clero, el Gobernador Juan Manuel España con las autoridades municipales y cantonales, el Comandante de Armas Coronel Manuel Salazar con la compañía de soldados. Fue entonces donde se dio la bendición a la nueva Ibarra.
De allí que cada año el 28 de Abril, se celebra las Fiestas de El Retorno – en conmemoración a este importante hecho histórico.

 

Oferta Gastronómica Rural

El cantón Ibarra tiene una riqueza cultural inigualable, por lo tanto su oferta gastronómica varía de acuerdo a las comunidades y ubicación geográfica.

SAMAY LOMA …..donde todo empieza….

Es un emprendimiento rural ubicado a 12 minutos de Ibarra con una variada oferta gastronómica para deleitar el paladar de sus visitantes

samay0

samay

CASA BELLA ZULETA  … restaurante y eventos….

Emprendimiento rural ubicado en Zuleta con oferta de desayunos, restaurante con gastronomía local, zona de camping y espacios para realización de eventos.

casabella 0001

Iconos Turísticos

Los íconos turísticos son considerados como los referentes simbólicos de un pueblo o ciudad, resultado de un largo proceso de validación de la ciudadanía, en el caso de Ibarra, sus íconos son de diversa índole y se tiene identificado siete imaginarios turísticos más representativos:

1. Esquina del Coco

esq-elcoco
Ícono de la refundación de Ibarra, en el siglo XIX. Ahora ostenta una pequeña plazoleta, junto a la tradicional palmera de coco que incluye una escultura de Gabriel García Moreno, artífice de la reconstrucción de la urbe en 1872.
2. Turismo gastronómico

llapingachos
La gastronomía de Ibarra es privilegiada. Ibarra, al estar asentada en los 2.205 m.s.n.m. tiene el influjo de las montañas, valles cálidos y lugares subtropicales; de donde provienen una diversidad de productos.

3. Centro Histórico Republicano

c-historico

Ibarra fue devastada por el terremoto de 1868. La urbe fue reconstruida en 1872. Su Centro Histórico Republicano, declarado Patrimonio Cultural del Estado en 1983, posee edificaciones e inmuebles que evocan estilos europeos desde lo ecléctico, neoclásico e historicista

4. Laguna de Yahuarcocha

Yahuarcocha-0

Laguna de Yahuarcocha conocida en la antigüedad como Cocha Caranqui (Laguna de los caranquis), es un espejo de agua asentado en un escenario natural, parte de las deidades de los caranquis relacionadas con el agua.

5. El Torreón

torreon
Con la modernidad, los ibarreños querían su propio teatro de la ópera, por lo que decidieron contratar al mejor arquitecto de aquel entonces, el alemán Francisco Schmidt, quien inició con la construcción del torreón. Sin embargo, debido a la construcción de la Gobernación, el Hospital y la Cárcel, el teatro quedó en un sueño inconcluso.

6. El tren: sueño de mar

train-libertad
Los ibarreños tuvieron que esperar hasta 1957 para poder inaugurar la ruta al mar, en medio de una algarabía iniciaron los recorridos de una locomotora de vapor, que en la actualidad ha sido habilitada y es un producto turístico escogido por muchos.

7. San Juan Calle y El Alpargate

san-juancalle
San Juan Calle es una designación del español, pero desde la cosmovisión indígena. La razón es porque en el lugar existía un antigua pacarina, es decir un lugar sagrado vinculado con el agua.

 

Atractivos Turísticos

IMG_4971

El Cantón Ibarra no es sólo una ciudad que busca el mar, o la simple ciudad blanca a la que siempre se vuelve, es el escenario de los sueños de una pléyade de generaciones que han descubierto que acá no necesitas alzar la vista para mirar el cielo.
Hay una ciudad por descubrir, una sociedad por investigar, una gente por amar y un tiempo por recordar. A través de éstos espacios pretendemos perpetuar la conciencia colectiva con imágenes, documentos, vídeos que sin duda tendrán un valor positivo para el conocimiento de nuestra identidad como asentamiento urbano y para el reconocimiento de nuestros espacios que son paraíso en la tierra.

Entre los atractivos de Ibarra se puede citar a los siguientes:

IGLESIAS

  • La Catedral
  • Nuestra Señora de la Merced
  • Capilla Episcopal
  • Basílica La Dolorosa
  • Iglesia San Agustín
  • Iglesia de San Francisco
  • Iglesia de Santo Domingo
  • Villa de Guadalupe
  • Iglesia del Señor del Amor
  • Iglesia Nuestra Señora de las Lajas

PARQUES

  • Pedro Moncayo
  • 9 de Octubre – La Merced
  • Plazoleta Francisco Calderón
  • Parque de la Familia
  • Plaza de Caranqui
  • Parque Ciudad Blanca

MONUMENTOS

  • El Torreón
  • El Obelisco
  • La Esquina del Coco
  • La Cruz Verde
  • La Piedra Chapetona

MUSEOS

  • Museo Ibarra Ministerio de Cultura y Patrimonio
  • Centro Cultural El Cuartel y Salón Atahualpa
  • Museo Casa de la Cultura Benjamín Carrión – núcleo de Imbabura
  • Museo de la Sal – Parroquia de Salinas
  • Casa de Pedro Moncayo
  • Casa Daniel Reyes – San Antonio de Ibarra

RUTAS TURÍSTICAS

  • Ruta el Tren de la Libertad
  • Ruta de los Paisajes Bordados
  • Ruta de los Museos
  • Ruta de los Murales

SITIOS NATURALES

  • Volcán Imbabura
  • Laguna de Yahuacocha
  • Laguna de Cubilche
  • Loma de Guayabillas
  • Río Chota
  • Río Lita
  • Bambusario Bosque de Paz
  • Bioreserva Condor Huasi

SITIOS ARQUEOLÓGICOS

  • Incahuasi
  • Tolas

Servicios Turísticos

Ibarra es cultura y tradición, por eso aprovecha tu visita y recorre caminos de ensueño y de belleza y conoce algo más de las comunidades asentadas en su territorio: indígenas, afro-descendientes y awás, quienes mantienen sus costumbres, gastronomía, música y danza y artesanías.

El cantón Ibarra ofrece una variedad de servicios para satisfacer las necesidades de nuestros visitantes

VIVE EL CONFORT

CHORLAVI-14

 Escápate a Ibarra y encuentra el sitio ideal para tomar un descanso en confortables quintas y hosterías ubicadas en estratégicos lugares o miradores naturales, en antiguas y memorables haciendas llenas de historia y tradición, o en espacios con edificaciones modernas distribuidas en la ciudad.

Vive de cerca la naturaleza con opciones de alojamiento en varias comunidades rurales, dotadas de infraestructuras rústicas con todos los servicios.

SIENTE EL SABOR

m_empanadas

Hablar de la gastronomía de Ibarra, no tiene límites, el visitante puede deleitar su paladar con nuestra deliciosa comida tradicional, destacada por su sabor y diversidad: tortillas de papa con chorizo, empanadas de morocho, carnes coloradas con mote y empanadas, fritadas de cajón, hornado, tilapia horneado o frita; o escoger las mejores carnes asadas al estilo argentino, nuevos enfoque de comida estilo mexicana, peruana, italiana, alemana, asiática, vegetariana y platos especiales tipo gourmet, que los encuentras en los diferentes restaurantes cafeterías de la ciudad.

VIVE LA DIVERSIÓN

diversion

Visita Ibarra y comparte con tus amigos inolvidables momentos, las opciones de diversión van desde salas de baile, discotecas, karaokes, peñas y bares con música en vivo, con ambientes acogedores, donde encontrarás diversión y además disfrutarás de variadas bebidas y cocteles.

 DELICIOSA TRADICIÓN

helados_paila

Aprovecha tu visita a Ibarra y dale gusto a tu paladar, saborea los deliciosos y auténticos helados de paila; nogadas y arrope de mora con nuevos y riquísimos sabores; pastas ibarreñas; postres;  ensaladas de frutas; variedad de bebidas frías y calientes; pan de leche y helados de crema de Caranqui, tradicional e histórico sector de la ciudad.

Hacer clic en la imagen para desplegar información de servicios turísticos de Ibarra.

catastro-foto